La observación del firmamento

2. La observación del cielo estrellado

Creo en lo que veo…

Ante nuestros ojos la Tierra aparece como un disco, por encima del cual está invertido el hemisferio celeste. La Tierra es, sin embargo, un pequeño planeta redondo. El cielo no es un hemisferio, como se sostenía en los primeros tiempos, sino que rodea a la Tierra por todas partes. En un periodo de aproximadamente 24 horas la Tierra rota una vez alrededor de su eje. Algunos continentes que están sobre la superficie de nuestro planeta reciben la luz del sol durante parte de este periodo, mientras que otros están de espaldas a la luz del Sol. Para los seres humanos el resultado de este movimiento de rotación es el día y la noche. Si se observa el cielo en una noche despejada durante cierto tiempo, se puede observar que las estrellas no permanecen quietas. Salen por el este y se ponen de nuevo por el oeste. En tiempos remotos, los humanos concluyeron a partir de este hecho que la bóveda visible de los cielos formaba en sí misma una especie de bola hueca bajo el disco celeste, desde el cual los cuerpos celestes se elevan y se vuelven a poner.

Como las estrellas, salvo algunas excepciones, no cambian ni su posición ni su luminosidad relativa, se pensó que las estrellas estaban fijas a este balón y por lo tanto se les dio el nombre latino: “stellae fixae”.

Nadie podía determinar cómo de grande era esta bola celeste, pero se consideró que era inmensamente grande. Los humanos se imaginaban a sí mismos siempre en el centro de la bola, fuera la que fuera su posición exacta sobre la tierra.

Y sin embargo, gira…

Se tardó siglos en reconocer el hecho de que las estrellas no rotan alrededor de la tierra, sino que es la Tierra la que rota en el espacio sobre su propio eje polar.

Las estrellas parecen moverse en el cielo porque la Tierra gira sobre su propio eje. Esta rotación hace que ciertas partes del cielo sean visibles al observador cada 24 horas. (La Tierra tarda 24 horas en hacer una rotación completa)

Por el día, se puede ver que debido a la rotación terrestre el Sol parece salir por el horizonte en oriente, permanece en el cielo durante algunas horas, y de nuevo aparentemente, se vuelve a poner por el horizonte por occidente. Por la noche se puede observar ese aparente movimiento de las estrellas. No sólo se produce el amanecer y el ocaso del Sol. Lo mismo podemos decir de la Luna y también podemos hablar de la salida de la puesta de las estrellas. Lo podemos aplicar naturalmente a todos los cuerpos celestes.

Fig. 3: Un telescopio terrestre montado

Fig. 3: Un telescopio terrestre
montado

Hay una gran variedad de diferentes instrumentos ópticos.

Si comenzamos hoy en día nuestro camino hacia la observación del cielo, se nos pueden plantear dos cuestiones: ¿Qué quiero ver? y ¿Con qué grado de precisión lo veré? Hay dos posibilidades diferentes para observar las estrellas. Una puede ser la observación a simple vista y explorar, por ejemplo, constelaciones y estrellas fugaces, y la otra puede ser coger un par de prismáticos y explorar las constelaciones y los planetas. Para ver los objetos más cercanos y para explorar cometas, planetas y galaxias, se necesita un apropiado y gran telescopio. Sin embargo, si se desea observar tierra además de cielo estrellado se puede hacer uso de los prismáticos o los monóculos. Los telescopios refractores son también apropiados, con accesorios especiales, para la observación terrestre.

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2.1 La observación a simple vista

La constelación de Casiopea (en mitología, la madre de Andrómeda)

Fig. 4: La constelación de Casiopea
(en mitología, la madre de
Andrómeda)

Si está dando una vuelta por la tarde y observa el cielo a simple vista, incluso siendo totalmente lego reconocerá algunos objetos celestes que destacan. Dependiendo del grado de oscuridad, es decir, de hasta qué punto la noche está “contaminada” por la luz de la ciudad, usted puede ver uno o más objetos que brillen débilmente. Si la Luna está visible, será naturalmente lo primero que vea nuestro ojo; frecuentemente, ésta se puede ver durante el día o al anochecer antes de la puesta de Sol. La Luna es el objeto más próximo a nosotros. Sin embargo, si la Luna no está a la vista y los cielos están muy claros, se pueden identificar muchos otros objetos nítidamente. La banda interior de nuestra galaxia, la Vía Láctea, es bastante fácil de reconocer. Dependiendo de la época del año y de la hora del día, se puede identificar a la brillante estrella Sirius, al igual que a los planetas Venus, Júpiter, Marte y Saturno. Las constelaciones ocupan la mayor parte de los cielos y algunas de ellas, que se pueden reconocer muy fácilmente, se pueden distinguir casi inmediatamente. El profano interesado en la materia puede inmediatamente reconocer una u otra de las grandes constelaciones conspicuas, tales como la Osa Mayor u Orión.

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2.1.1 Observar constelaciones a simple vista

La constelación de Orión. (En mitología, el cazador de las Pléyades)

Fig. 5: La constelación de Orión.
(En mitología, el cazador de las
Pléyades)

La Constelación de la Osa Mayor. (También conocida como El Arado)

Fig. 6: La Constelación de la
Osa Mayor. (También conocida
como El Arado)

La disposición de las estrellas en los cielos estimuló la imaginación de los hombres de la antigüedad para formar imágenes combinando dichas disposiciones. Así, los guerreros caídos deambulaban simbólicamente a través de los cielos, y los monstruos del infierno luchaban contra los héroes. Los signos del Zodiaco también desarrollaron este misticismo. Por ejemplo, el trasfondo mitológico de Orión es particularmente interesante: el guerrero capturó a las Pléyades, las siete hijas de Atlas. Artemisa envió al escorpión a matar a Orión, y lo hizo. Así, Orión se pone por el oeste, mientras que su asesino, el escorpión, sale por el este.

Orión, La Osa Mayor, La Osa Menor o la W del cielo (Casiopea) son constelaciones fácilmente reconocibles, y se pueden encontrar con rapidez. Orión, por ejemplo, es una constelación que se puede ver durante todo el invierno. La constelación parece tener la apariencia de un reloj de arena inclinado. Las tres estrellas que forman el cinturón del cazador mitológico Orión son las más fáciles de identificar, luchando en el cielo contra el toro (en latín, Taurus). También se pueden reconocer rápidamente las estrellas que forman el hombro, la cabeza y el pie de Orión.

La Osa Mayor se ve claramente durante prácticamente todo el año y es una constelación fácilmente reconocible. En realidad se parece a una carretilla, con un cuerpo trapezoidal y un mango. Esta constelación forma parte de La Osa Mayor.

Observar estrellas fugaces a simple vista.

De niños se las observaba y se pedían deseos. Son claramente visibles a simple vista y se dan siempre que pequeñas partículas del espacio entran en la atmósfera de la tierra y brillan debido a la fricción. Pueden ser polvo de roca, pueden variar en tamaño entre 2 milímetros y 30 centímetros o más.

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2.2 Observación con prismáticos

Prismáticos tipo Porro

Fig. 7: Prismáticos tipo Porro

Con unos buenos prismáticos se pueden descubrir muchas cosas en el cielo. Se pueden fijar los prismáticos a un soporte usando una rosca estática. Si es posible identificar varios miles de objetos simplemente con nuestros ojos, parece que más objetos serán encontrados con unos prismáticos. Sin embargo, lo que marca la diferencia no es el número de objetos, sino más bien la posibilidad de agrandar esos objetos. Con unos buenos prismáticos se encuentra uno en situación de identificar las lunas del planeta Júpiter. Si apuntamos hacia la constelación de Orión, bajo las estrellas que forma el cinturón se puede observar la Nebulosa Orión M 42. Ésta comprende una nube enorme de extensión inimaginable, que consiste en polvo cósmico y gases y que se ilumina gracias a luz UV que viene de las estrellas. Nuestra galaxia vecina M31 (Fig. 8) se puede reconocer igual de fácilmente con unos prismáticos. Sin duda se extiende por el cielo durante más de cinco diámetros lunares. Es una bonita galaxia en forma de espiral parecida a nuestra galaxia (la Vía láctea).

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2.2.1 Observación de planetas y lunas con prismáticos

Si usted ve una estrella brillante en el cielo, que no se muestra en un mapa estelar, con toda seguridad es un planeta. La Tierra es uno de los nueve planetas que circundan el sol. Dos de los planetas, Mercurio y Venus, están más cercanos al sol que nuestra Tierra. Los otros planetas, Marte, Júpiter, Saturno, Venus, Neptuno, Urano y Plutón están más alejados del sol que nuestro planeta.

Cinco de los planetas -Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno- se pueden reconocer fácilmente a simple vista o con prismáticos. Parecen estrellas brillantes hasta que se les observa con prismáticos o telescopio. No se puede hacer una observación detallada con los prismáticos debido a su bajo grado de aumento.

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2.2.2 Observación de objetos del “deep sky“ (el cielo profundo) con prismáticos

Nuestra galaxia vecina. Andrómeda – “Nebulosa"

Fig. 8: Nuestra galaxia
vecina. Andrómeda –
“Nebulosa"

Si uno hojea las publicaciones técnicas sobre astronomía, inevitablemente descubre el término “DEEP SKY“(cielo profundo). Los astrónomos llaman a todos los objetos que están más allá de nuestro sistema planetario “objetos del cielo profundo“. Ese término comprende un gran grupo de objetos de interés, que aparecerán ante nuestros ojos cuando salgamos de expedición equipados con prismáticos o telescopios.

Como hemos mencionado en la introducción, estamos mal acostumbrados ante la visión de imágenes multicolores de nebulosa de gas brillante que constantemente aparecen en los medios de comunicación y en los anuncios. Si un lego en la materia espera ver este despliegue de color a través de sus prismáticos, se sentirá en cierto modo decepcionado al principio. Esas imágenes son fotografías que requieren mucho tiempo de exposición, y que no pueden ser vistas por el ojo humano incluso con los telescopios más grandes. Naturalmente, no nos debemos sentir decepcionados, ya que se puede ver mucho más con los prismáticos que a simple vista. Por ejemplo, el ojo tiene una apertura de pupila máxima de 8mm. Con unos prismáticos que tengan una apertura de 50mm para captar la luz ya es suficiente como para ver estrellas 7 veces más oscuras que las estrellas de luz más tenue que pudiera reconocer el ojo a simple vista. Esto nos descubre una gran selección de objetos interesantes.

Cuanto mayor sea la apertura de las lentes, más estrellas se podrán divisar. Pero incluso las grandes aperturas no son capaces de ordenar las imágenes de colores para nosotros. Nuestro cerebro, que procesa las imágenes que llegan a la retina, tiene un “tiempo de exposición” máximo de ? de segundo (compárese ese tiempo con el de una cámara fotográfica). Para poder fotografiar las nebulosas de gas o las galaxias, las cámaras de los grandes telescopios están con frecuencia expuestas durante varias horas. Para los observadores visuales de la noche, todos los gatos son pardos.

Si se quieren observar estrellas dobles o cúmulos de estrellas, en ese caso la observación visual es normalmente superior a la fotografía. Imágenes preciosas, que dejan centelleantes acumulaciones de estrellas en la retina del observador, no son reproducibles en papel fotográfico. Aquí uno puede recrearse en la experiencia astronómica en mucha mayor medida.

En orden a apreciar completamente los objetos del “deep sky” (ver comienzo de 2.2.2), se necesita que la noche sea lo más oscura y limpia posible. El enemigo del astrónomo aquí no es sólo el tiempo, sino también, frecuentemente, la Luna, que ilumina el cielo. Las noches claras de Luna Nueva son francamente buenas, y preferiblemente en el campo, muy lejos de la civilización. Allí la contaminación lumínica de las ciudades es infinitamente menor.

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2.2.3 Cualquier comienzo es sencillo

Cuando se trata de la observación del “deep sky”, encontrar tus propios caminos entre el cielo de la noche resulta muy importante. En la antigüedad, los astrónomos formaron las constelaciones con las estrellas más prominentes, a cuyas combinaciones les atribuyeron formas y se les dieron nombres, usando una gran imaginación. Las constelaciones del cielo del norte están formadas en su totalidad con figuras de la mitología griega. Si se compara el cielo con un globo, se pueden comparar a su vez las constelaciones con las fronteras. Las estrellas brillantes pueden ser comparables a las grandes ciudades. Es posible “visitar” los objetos astronómicos buscando localmente en los mapas. Para orientarnos podemos usar las estrellas más prominentes.

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2.3 La observación con el telescopio

Fig. 9

Fig. 9

Fig. 10

Fig. 10

Hay telescopios de diferentes versiones, tamaños y sistemas. Para un principiante en el mundo de la astronomía, con frecuencia no es fácil elegir el modelo correcto. Un experimentado astrónomo dijo una vez: “Cada telescopio tiene su propio cielo” –y merece ser subrayada esa frase. La longitud focal y/o el diámetro del objetivo/reflector de un telescopio no son de vital importancia – siempre que el equipamiento se use dentro de sus límites ópticos.

Básicamente se puede decir que para un principiante resulta más apropiado un refractor (telescopio de lente) más pequeño y ligero.

Los modelos más grandes son adecuados para el astrónomo amateur avanzado, ya que la estructura y el manejo requieren alguna experiencia. Sin embargo, un pequeño telescopio refractor y también un pequeño telescopio reflector pueden ser fácilmente instalados en el jardín, con lo que inmediatamente se puede empezar a observar el cielo. En comparación con los prismáticos, con el telescopio es posible observar más objetos en el cielo. Si se pueden ver miles de objetos con unos prismáticos, es posible ver cien mil objetos celestiales a través de un telescopio. Además, no es sólo el increíble número de objetos el motivo por el que es interesante usar un telescopio. La posibilidad de percibir una mucho mayor cantidad de luz con el telescopio, lo que permite que objetos que seleccionemos puedan ser observados mucho más detalladamente, demuestra la gran variedad de nuestro universo.

Hay muchas razones diferentes para usar un telescopio. Un telescopio refractor puede incluso usarse para observaciones terrestres. Tenemos a nuestro alcance un montón de objetos para observar, que también se pueden ver con unos prismáticos: cordilleras de montañas, el mundo animal, los bosques e incluso los juegos o los acontecimientos deportivos. De igual forma, con los objetos celestes podemos tener a nuestro alcance muchos posibles objetivos. Empezando por la luna, siguiendo por los planetas de nuestro sistema solar, y hasta los cúmulos de estrellas globulares, las nebulosas planetarias, las nubes gaseosas o las galaxias en el espacio más profundo… se nos ofrece una variedad casi interminable.

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2.4 La luna

La Luna es el objeto más grande y brillante que podemos ver en el cielo de la noche. Tiene una magnitud de – 12.5 mag. La Luna y sus cráteres aparentemente cambian de forma, posición y brillo de noche a noche, y es, por tanto, un objeto que merece mucho la pena observar. La Luna no emite luz propia. Solamente refleja la luz del sol hacia la tierra. Es el vecino más cercano a la Tierra de todo el universo, y está a “sólo” 384.000 kilómetros de distancia, tiene aproximadamente ? del tamaño de la Tierra y se desarrolló un poco más tarde que nuestro planeta (hace unos 3.900 millones de años).

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2.4.1 Las fases de la luna

La Luna gira alrededor de la Tierra. Durante la órbita, se pueden apreciar en la Tierra diferentes reflejos de la luz del Sol. Estas fases de la Luna duran 29 días y ?. Los periódicos o las páginas del tiempo de Internet frecuentemente publican la fase actual de la Luna. Las fases individuales de la Luna se llaman como sigue:

Neumond (nicht sichtbar)Luna Nueva (no es visible)
zunehmender MondLuna Creciente
VollmondLuna Llena
abnehmender MondLuna Meguante

Debido a que la Luna sale y se pone 52 minutos más tarde cada día, las fases apropiadas de la Luna son visibles en distinto momentos del día y la noche. La invisible Luna Llena es una fase del día y la luna llena puede ser visible durante toda la noche. La fase de Luna Creciente se pueden observar mejor durante la tarde-noche, y la Luna Menguante se aprecia mejor después de la medianoche. Debido a este movimiento independiente, la Luna viaja mucho más deprisa en dirección oeste entre las estrellas que lo que lo hace el Sol, por lo que lo “adelanta” a intervalos regulares. A este periodo se le denomina “mes sinódico”, y dura 29 días, 12 horas y 44 minutos. Las fases lunares son el resultado de su movimiento más rápido.

Las fases de la luna

Las fases de la luna

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2.4.2 El otro lado de la Luna

Si usted observa la Luna, pronto se dará cuenta de que sólo es visible uno de sus lados, porque sólo un lado de la Luna mira a la Tierra. Hasta 1959 nadie había visto el otro lado de la Luna – ese año, una nave espacial rusa no tripulada orbitó la luna y envió radio-fotogramas de la Luna a la Tierra.

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2.4.3 El mapa lunar

El mapa lunar de las páginas 12/13 muestra los objetos más importantes de la Luna que son visibles. En este mapa el norte está arriba - es decir, la Luna aparece ante el observador tal como se ve a simple vista o con prismáticos.

Con muchos telescopios la Luna aparece “cabeza abajo” e invertida, en cuyo caso el sur, naturalmente, está en lo más alto. Por lo tanto, en muchos mapas lunares la Luna se muestra tal como se ve en dichos telescopios.

Muchas descripciones de objetos de la Luna tienen su origen en el latín o el inglés. En el mapa de la Luna se muestran los nombres en latín, al ser éstos los que más usan los astrónomos.

Al principio, el gran número de objetos lunares identificados resulta confuso para el observador, pero después de un corto espacio de tiempo sin duda se podrá “abrir camino” por la Luna. Entonces, ¿por qué no darse un “paseo lunar”?

Las fotografías en primer plano de la superficie lunar pueden servir de ayuda en la observación. Hay muchos libros e incluso globos lunares de varios tipos y tamaños que es posible adquirir en tiendas y que están especializados en dichos elementos.

Para identificar todos los objetos lunares existentes, resulta útil observar al satélite de la Tierra en todas las fases lunares. Los objetos de la línea brillante/ oscura (terminator) son particularmente apropiados para ser observados por medio de un telescopio o unos prismáticos, ya que esta zona es muy rica en contrastes. La línea azul-clara no es exactamente recta, ya que pasa por muchos cráteres, montañas, valles y mares. Con una observación de la Luna Llena resulta menos satisfactoria, porque la luz del sol se irradia por todos los objetos (sin ensombrecimientos).

Cuanto más grandes sean los aumentos de nuestro telescopio, más objetos de la superficie lunar podrá ver. También es posible realizar muy buenas observaciones con unos buenos prismáticos. Los telescopios terrestres son también adecuados para la observación de la luna.

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Las suaves superficies eran realmente mares… ¡de lava!

Fig. 11 Las suaves superficies
eran realmente mares… ¡de lava!

2.4.4 Maria (Mares)

Estas áreas oscuras son los rasgos más distintivos de la Luna. Todas juntas dan lugar a “la cara del hombre en la Luna”. Los astrónomos de la antigüedad creían que éstos eran mares u océanos pero en realidad son áreas planas de roca volcánica oscura. Cuando se formó la Luna realmente eran mares, mares de lava líquida.

2.4.5 Mare

(Plural del latín Maria) es el nombre latino para designar a los mares. Algunos Maria son redondos, otros tienen forma irregular.

Nuestra Luna esta salpicada de cráteres.

Fig. 12: Nuestra Luna esta
salpicada de cráteres.

2.4.6 Cráteres

Se llaman cráteres a las depresiones circulares de la superficie lunar. Ante el observador parecen muy profundas -pero en realidad no lo son. Los cráteres están delimitados por barreras circulares y muchos tienen un pequeño pico (pico central) en el medio. Algunos cráteres son circulares, otros situados a los lados de la Luna parecen ovales -eso es una ilusión óptica causada por la forma esférica de la Luna. Los cráteres fueron el resultado del impacto de meteoritos en la superficie lunar.

Violentos cráteres de impacto sobre nuestra Luna.

Fig. 13: Violentos cráteres de
impacto sobre nuestra Luna.

2.4.7 Cráteres de impacto

Los cráteres de impacto se pueden ver muy bien con Luna Llena, porque su superficie consiste en materiales brillantes y reflectantes. Son producidos por impactos muy violentos de grandes fragmentos de roca. Las “chorros” se extienden a lo largo de cientos de kilómetros sobre la superficie lunar. El cráter de impacto más destacado se llama Tycho (en honor al astrónomo danés Tycho Brahe 1546-1601)

Presentación esquemática de nuestro sistema solar.

Fig. 14: Presentación esquemática de nuestro sistema solar.

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2.5 Observación del sistema planetario con el telescopio

El camino de la eclíptica

Fig. 15: El camino de la eclíptica

Los seres humanos llevamos observando el cielo desde hace muchos miles de años. Nuestros antecesores formaron constelaciones a partir de las estrellas brillantes e identificaron la aparición regular de las constelaciones en el ritmo anual. Los cuerpos celestes parecían estar firmemente ligados al firmamento y no alteraban sus posiciones con respecto a los otros cuerpos. Había otros cuerpos celestes que alteraban su posición dentro de las constelaciones. Se podían diferenciar los planetas de las estrellas que estaban fijas y de las estrellas que parecían cambiar su posición. Los planetas siempre siguen sus propios caminos determinados, a través de los signos del Zodiaco, en los cuales también se mueven el Sol y la Luna, más o menos caóticamente cuando son vistos desde la Tierra. El misterio de sus movimientos fue resuelto por Johannes Kepler (1571-1630), que situó el Sol en el centro de nuestro sistema solar, y al hacer esto, no ganó precisamente amigos.

Al principio sólo se conocían cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). Urano, Neptuno y Plutón fueron descubiertos entre los siglos XVIII y XX.

Como astrónomo amateur, usted puede observar bien casi todos los planetas, excepto Plutón, que es demasiado pequeño y difuso. Urano y Neptuno son visibles, pero no se puede decir que tengan ningún objeto que merezca la pena para el telescopio. Estos planetas están demasiado lejos de nosotros.

Si usted ve una “estrella” brillante en el cielo, que no se muestre en un verdadero mapa estelar, con toda seguridad es un planeta (del griego Errante). La Tierra es uno entre nueve planetas, que dibujan sus caminos en el universo alrededor del Sol. Dos de los planetas, Mercurio y Venus están más cerca del Sol que nuestra Tierra. Los otros planetas, Marte, Júpiter, Saturno, Venus, Neptuno, Urano y Plutón están más lejos del Sol que nuestra Tierra.

Plutón fue descubierto en 1930 por Clyde W. Tombaugh. Los astrónomos se cuestionan si Plutón es realmente un planeta, porque también podría ser una luna que se haya distanciado de Neptuno. A la vez, numerosos objetos han sido descubiertos a una distancia similar del Sol, la mayoría de los cuales tienen diámetros mucho más pequeños que Plutón, pero sin embargo poseen características muy similares. Se puede por tanto asumir que hay todavía muchos planetoides que no han sido aún descubiertos.

Cinco de los planetas- Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno- pueden ser fácilmente identificados a simple vista o con prismáticos. Al principio nos parecen estrellas brillantes -como puntos diminutos en el cielo- hasta que son observados con prismáticos o con un telescopio. Entonces parecen segmentos.

En un telescopio, una estrella siempre nos parece un pequeño punto brillante. Un planeta parece ante nuestros ojos un disco estrecho iluminado, que con buena visibilidad puede parecer espacial. Si usted es capaz de identificar un planeta en el cielo, probablemente también será capaz de diferenciarlo, a simple vista, de las estrellas.

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2.5.1 ¿Dónde están los planetas?

Los planetas no se muestran en los mapas de estrellas porque éstos, lenta pero constantemente, “adelantan” a las estrellas. Si observa un planeta durante varias semanas, su senda se irá haciendo cada vez más clara ante usted. Uno siempre se encuentra con planetas en las constelaciones de los signos del Zodiaco. Siguen una línea imaginaria en el cielo, a la que se denomina “la eclíptica”. La línea de la eclíptica se muestra en la mayoría de los mapas de estrellas.

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2.5.2 La observación de los planetas

Los planetas no emiten su propia luz, sino que reflejan la luz proveniente del Sol. La luz que reflejan los planetas es muy brillante, tanto que puede ser observada con la contaminación lumínica de las grandes ciudades, e incluso llegan a ser reconocibles en noches de Luna Llena. Sin embargo, resulta muy difícil distinguir detalles de las superficies de los planetas. El cielo debe ser observado con un gran telescopio en una noche muy clara; entonces sí se podrán apreciar detalles de Marte y Júpiter. Alrededor de Saturno se podrán ver sus famosos anillos flotando. Sin embargo, es muy interesante observar los planetas con unos prismáticos o a simple vista siguiendo la trayectoria de sus movimientos a través de las estrellas, y percibir los cambios de brillo a los largo de varios días.

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2.5.3 Posición de los planetas en relación al sol

Debido a que la Tierra y los otros planetas se mueven alrededor del Sol a diferentes distancias de éste, su posición entre ellos cambia constantemente. Algunas veces nuestra Tierra está en el mismo lado del Sol que otro planeta – otras veces, la Tierra está en el lado opuesto a ese planeta. Los astrónomos han dado nombre a estas diferentes posiciones. Éstas se muestran en el diagrama de la Fig. 16. Vea que las marcas de referencia difieren según se trate de los planetas interiores o los exteriores. Con los cambios en las posiciones de los planetas, también cambia la imagen que podemos ver desde la Tierra. Por ejemplo, los planetas nos parecen grandes y brillantes cuando están cercanos a la Tierra y/o pequeños y pasan casi desapercibidos si están lejos de nuestro Planeta.

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2.5.4 Presentación de los planetas

Aquí va a entrar en un recorrido corto y guiado a través de nuestro Sistema Solar. Empezaremos nuestro viaje cósmico en Mercurio, el planeta más próximo al Sol.

Mercurio fotografiado desde la sonda espacial US Mariner 10 / NASA

Fig. 17 Mercurio fotografiado
desde la sonda espacial US
Mariner 10 / NASA

Mercurio, el veloz mensajero de Dios

Mercurio, el planeta más próximo al Sol, es fácilmente visible por el telescopio, y es un objeto muy interesante. Sin embargo, no suele aparecer con mucha frecuencia en las lentes. Se dice del famoso Copérnico (1473 – 1543) que en su lecho de muerte lamentaba no haber estado cara a cara con Mercurio. Este destino no nos debería ocurrir a nosotros.

Mercurio gira alrededor del Sol en sólo 88 días. Sólo es visible si su distancia angular con respecto al Sol es lo más grande posible. Lo máximo que puede estar Mercurio del Sol son 27º. Eso quiere decir que cuando mejor se ve Mercurio es dos horas antes del amanecer o dos horas después de la puesta del Sol. Los astrónomos se refieren a esto como la máxima elongación (alargamiento) hacia el Este o hacia el Oeste. Si podemos ver Mercurio, estamos ante la conjunción inferior, y si está detrás del Sol y no es visible estamos ante la conjunción superior. Por tanto es indispensable tener una buena vista del horizonte, ya que Mercurio debe mantener su posición frente a la luz brillante del sol del atardecer.

¿Pero qué podemos ver de Mercurio? Durante su trayectoria dentro de nuestra órbita terrestre alrededor del Sol, las fases de Mercurio son tan reconocibles como lo pueden ser las de la Luna. Si Mercurio tiene la mayor distancia angular desde el Sol, entonces es posible ver un segmento de planeta medio-iluminado. Esto es normalmente difícil de ver, ya que normalmente está en la zona más brillante del amanecer. Las turbulencias del aire dentro del área del horizonte hacen la observación generalmente bastante más difícil, de tal forma que se puede observar el cuarto creciente de Mercurio con dificultad. No es posible identificar los detalles de la superficie, a pesar de que Mercurio, junto con Marte, son los únicos planetas cuya superficie no está cubierta de nubes. Tal como demuestran las fotografías tomadas desde las sondas espaciales, la superficie está completamente salpicada de cráteres similares a los de nuestra Luna.

Venus

Venus

Evento raro: Venus pasa por delante del sol

Evento raro: Venus pasa por delante del sol

Venus, el planeta brillante y bello

Un objeto mucho más agradable es Venus, conocido para nosotros como el lucero del alba o del atardecer. Al igual que Mercurio, Venus también exhibe un cuatro creciente. Su órbita transcurre dentro de la órbita terrestre. La distancia media con respecto al Sol es, sin embargo, el doble de la de Mercurio, 108 millones de kilómetros, de tal forma que la mayor distancia angular en referencia al Sol llega a los 47º. Venus puede ser observado cuatro horas antes o después de la puesta del Sol. Es mucho más fácil de hallar debido a su brillantez.

En días despejados, es visible incluso durante el día. A través del telescopio, Venus nos muestra su cuatro creciente de forma muy llamativa. Los detalles de la superficie no son reconocibles, ya que Venus está cubierto por una espesa capa de nubes. Con un telescopio de 100mm y muchos aumentos podrían identificarse variaciones de la cubierta de nubes. Unos filtros de color, como los usados por los observadores ambiciosos de los planetas, nos pueden resultar útiles.

Un evento muy raro es el paso de Venus o Mercurio a través de la superficie del Sol. Lentamente, el planeta se va moviendo por encima del disco solar y crea un mini-eclipse de Sol. Incluso aunque otras personas no se den cuenta de esto, es algo muy relevante para las observaciones astronómicas. Es impresionante poder reconocer el movimiento del planeta como su fuera un disco negro frente al Sol.

¡MUY IMPORTANTE! ¡Debe tener esto en cuenta!
Durante la observación del Sol, los ojos deben estar protegidos de la luz solar con filtros solares adecuados. ¡Ver directamente el Sol a través de un telescopio trae como consecuencia la ceguera irreversible! Incluso con los propios ojos, mirar el Sol es muy peligroso.

NOTA: Por favor, cuando esté observando Mercurio y Venus, no olvide que estos planetas están a una distancia muy corta del Sol. Asegúrese de que nunca está observando estos planetas cuando están “dentro” del Sol, pues las consecuencias serán daños inmediatos y permanentes, que traerán como resultado la ceguera.

Marte

Marte

Marte, el vecino rojo

Marte está, sin duda, entre los objetos astronómicos más interesantes. Es el único planeta que muestra su superficie a nuestros telescopios amateurs.

El momento más favorable para las observaciones de Marte es cuando está “en contraposición”; es decir, cuando la Tierra está exactamente a medio camino entre Marte y el Sol.

Entonces merece la pena observar la superficie de Marte con la lente de aumento. Se pueden apreciar áreas oscuras y los grandes casquetes polares, formados a base de dióxido de carbono. Las sombras oscuras tienen su origen en los diferentes colores de la tierra de Marte, que consiste en minerales que contienen hierro. La fina atmósfera de Marte y las grandes diferencias de temperatura entre los lados diurno y nocturno del planeta frecuentemente traen consigo grandes tormentas de arena, que cambian continuamente la cara de Marte. Un astrónomo amateur podrá ya obtener una pequeña visión de las condiciones climáticas de Marte.

Merece la pena mirar de cerca la superficie, porque muchos de los detalles sólo se pueden reconocer después de una observación prolongada. La atmósfera turbulenta terrestre es un enemigo para el astrónomo. Con la ayuda de procedimientos de grabación de fotos electrónicos y de un ordenador, las perturbaciones que provoca dicha atmósfera se pueden ver significativamente reducidas usando medios no profesionales.

Mientras que se observa Marte, la distancia entre éste y la Tierra juega un papel trascendental. La distancia entre la Tierra y Marte cambia muy considerablemente. Varía entre aproximadamente 56 millones y 400 millones de kilómetros, dependiendo de las posiciones de los dos planetas. Por lo tanto, el diámetro de Marte a veces parece más grande y a veces más pequeño. El 28 de Agosto de 2003 la distancia con respecto a la Tierra llegó a ser de 56 millones de kilómetros. Por lo tanto, parecía particularmente grande. Los observadores de Marte habían estado esperando este evento durante mucho tiempo, porque tal acontecimiento tiene lugar solamente cada 1000 ó 2000 años aproximadamente.

Marte muestra al observador muchos más detalles, como pasó con la contraposición en marzo de 1997, que tuvo lugar en el afelio de Marte. El planeta estaba en aquel tiempo aproximadamente a 100 millones de kilómetros de la Tierra.

Nota:
Durante nuestro pequeño viaje por el sistema solar usamos algunos términos técnicos que no fueron del todo explicados. Por lo tanto, hemos repetido nuestros comentarios de forma resumida en el glosario que comienza en la página 56.

Júpiter

Júpiter

Júpiter y sus tres lunas

Júpiter y sus tres lunas

Júpiter y la danza de las lunas

Ahora llegamos a las auténticas “estrellas” entre los planetas, Júpiter y Saturno. Una vez al año, estos dos se sitúan en contraposición y pueden ser observados muy fácilmente unas pocas semanas antes o después de este momento.

Júpiter tiene una apariencia muy brillante y distintiva que frecuentemente se interpreta por los legos como el lucero del alba o del atardecer. Tarda casi 12 años en completar su viaje a través de los signos del zodíaco. Esto quiere año la contraposición varía un mes. A pesar de su gran distancia con la Tierra, que en época de contraposición llega a ser de más de 600 millones de kilómetros, Júpiter nos muestra su segmento planetario, que es de 40 arco-segundos de tamaño. Júpiter es un planeta gaseoso y consiste en hidrógeno, helio, amoníaco y otros compuestos de hidrógeno. Está cubierto de densas nubes.

Sin embargo, la atmósfera tiene muchas características. Al igual que Júpiter, está rodeada de bandas de nubes multicolor. Las dos bandas principales pueden fácilmente ser vistas con el telescopio amateur. Después de algunos minutos se pueden ver más bandas de nubes. Quizás también la famosa “Gran Mancha Roja” puede ser identificada. Se trata de un huracán que se ha producido durante al menos 300 años y tiene el doble del diámetro de la Tierra.

Como Júpiter tarda aproximadamente 10 horas en girar sobre su propio eje, esta marca no es siempre visible, sino sólo cuando está en el lado diurno y girado hacia nosotros. La rápida rotación del planeta conlleva un achatamiento de los polos, lo que le da a Júpiter una ligera forma de huevo.

La calidad de la imagen visual depende de la perturbación del aire que predomine. Los amateurs llaman a esta calidad del aire debido a perturbaciones visibilidad. Con una buena “visibilidad” debería ser posible ver un gran número de detalles impresionantes en un telescopio de cuatro pulgadas (102 mm), detalles como por ejemplo las principales bandas de nubes y la gran mancha roja.

Como se sugirió anteriormente en el encabezamiento, Júpiter tiene todavía más que ofrecer que las formaciones de nubes en su superficie. Galileo Galilei (1564-1642) descubrió cuatro pequeños puntos de luz, que cambian de posición alrededor de Júpiter.

Las cuatro lunas, también llamadas Lunas de Galileo, pueden ser también identificadas en telescopios muy pequeños y pueden ser reconocidas incluso con prismáticos. Esto requiere sin embargo tener una mano muy firme o utilizar un soporte. Las lunas que quedan, al menos 50, desafortunadamente permanecen escondidas. Las lunas visibles son IO, CALISTO, GANIMEDES Y EUROPA. La posición de las lunas con respecto a Júpiter cambia constantemente y nos ofrecen cada tarde una vista diferente. A menudo se puede observar como una luna desaparece delante o detrás del disco planetario. Debido a la capa de nubes que hay sobre la superficie de Júpiter, las lunas a menudo parecen pequeñas áreas oscuras que pueden ser vistas como sombras negras sobre la superficie de Júpiter, suponiendo que haya una buena visibilidad. Se puede averiguar la posición de las lunas en anuarios, tales como “Cosmos Himmelsjahr” (Año del Cielo Cósmico). En estos anuarios se incluyen todos los acontecimientos astronómicos del año en curso. Son, por consiguiente, más que una lectura interesante para los dueños de telescopios.

Saturno

Saturno

Saturno

Saturno

El señor de los anillos- Saturno

Saturno es el más impresionante de todos los planetas. Todo el mundo ha visto fotos de este planeta anillado, pero la apariencia en directo de este planeta es sobrecogedora. Los observadores que experimentan esta visión en el telescopio, no pueden separarse del mismo sobre todo cuando está en contraposición, cuando Saturno muestra un planeta de 20 arco-segundos, que es cuando mejor se puede observar el planeta con sus anillos. En telescopios no profesionales más grandes, con buenas condiciones atmosféricas, se puede ver una separación de los anillos en dos. Esta es la llamada División Cassini.

Otra de las características de Saturno es la variable apertura de los anillos. Debido a la ligera inclinación de los anillos con respecto al plano de desplazamiento de la Tierra, Saturno nos muestra los anillos desde todos los lados, en un ciclo de aproximadamente 30 años.

En 1955 estuvimos exactamente al nivel de los anillos y Saturno parecía no tenerlos. Después, la apertura de los anillos se ensanchó, de modo que la apertura más grande se pudo observar en el año 2002. Durante este tiempo pudimos ver la parte superior de los anillos. Después, durante algunos años pudimos ver la superficie más baja de los mismos.

Al igual que Júpiter, las lunas de Saturno pueden ser vistas con un telescopio no profesional. La luna Titán es la más reconocible. Además, las lunas Rhea, Dione, Thetis, junto con Japetus, también pueden ser vistas por los amateurs. Se averigua la posición de las lunas en el anuario “Cosmos Himmelsjahr” (Año del Cielo Cósmico). En este anuario se detallan todos los acontecimientos astronómicos del año en curso.

Urano

Urano

Neptuno

Neptuno

En las profundidades de nuestro Sistema Solar

Tras Saturno vienen Urano y Neptuno, y después, justo al borde de nuestro sistema solar, Plutón.

Urano sólo se puede intuir muy débilmente con los medios de los que disponemos. Este gigante gaseoso solo se puede observar como un diminuto punto rosado- verduzco, que se puede confundir fácilmente con un estrella. Por lo tanto, se recomienda trabajar con un mapa estelar o un software planetario.

El planeta Neptuno es también un inmenso gigante gaseoso, cubierto con formaciones de nubes, exactamente igual que Saturno y Urano lo están con sus estelas de vapor. Neptuno sólo se puede observar con telescopios con una apertura a partir de 6 “ (152 mm). Es interesante de este planeta el hecho de que, al igual que Júpiter, exhibe una enorme perturbación atmosférica que no puede ser identificada usando telescopios no profesionales.

Plutón, el planeta más exterior de nuestro sistema solar, no puede ser visto con los telescopios usualmente disponibles o a simple vista. Este pequeño cuerpo celestial que consiste en hielo y roca es más un planetoide (pequeño planeta) que un verdadero planeta y tiene sólo un diámetro de 2,250 Kms. Plutón es un mundo frío como el hielo, tiene una atmósfera y baila en su desplazamiento alrededor del Sol completamente sobre si mismo (ver Fig.12 en la página 15). Plutón fue descubierto como planeta en el año 1930 y todavía se le denomina como tal, aunque probablemente no lo sea.

¿Qué más está sucediendo?

Tras usar el telescopio y ocuparnos de la observación del Sol y la Luna, con los planetas y sus características, nos podríamos preguntar qué más nos puede ofrecer todavía nuestro sistema solar.

Asteroide Ida

Asteroide Ida

Asteroides y pequeños planetas

Además de los nueve grandes planetas, hay todavía un inmenso número de pequeños fragmentos de roca en el sistema solar. La mayor parte están entre las órbitas de Marte y Júpiter. En el telescopio estos pequeños fragmentos pasan desapercibidos. Sólo 73 de los pequeños planetas más conocidos son accesibles usando pequeños telescopios. En el anuario a menudo encontramos sólo datos sobre cuatro de los más grandes de su tipo: Ceres, Pallas, Vesta y Juno. No se pueden reconocer detalles de su superficie si se trata de rocas menores de 1000 Km. de longitud. No es tampoco muy fácil encontrar pequeños planetas. Sin embargo, si uno es capaz de buscar un pequeño planeta, se puede observar su bello movimiento con relación al cielo de las estrellas fijas. Como principiantes que somos, no nos deberíamos exponer a este examen de paciencia todavía, puesto que esto ya presupone un buen conocimiento de los cielos.

Cometa Machholz

Cometa Machholz

Cometa Hyakutake

Cometa Hyakutake

Cometas

Tras el regreso del cometa Halley en el año 1986 o el espectacular impacto del cometa Shoemaker Levy 9 sobre Júpiter en Julio de 1994, esperábamos con ansiedad que sucedieran buenas apariciones de cometas en los años 1996 y 1997.

Casi nadie pudo escapar a la parafernalia que rodeaba a los cometas Hyakutake y Hale-Bopp.

Asombrosamente, pudimos identificar la cabeza y la bonita cola de los dos cometas a simple vista. Hale-Bopp, que era el cometa del siglo, mostró a los prismáticos la cola de polvo ligeramente curvada y la cola iónica azulada, que era resultado de la radiación solar de partículas de gas animadas. Con el telescopio se podía ser testigo de enormes propulsiones, emisiones de gas y polvo del núcleo del cometa, que proporcionaba así el material para la formación de su cola. Durante semanas, el cometa fue más brillante que las más brillantes estrellas de nuestro cielo. No podemos predecir cuándo seremos de nuevo capaces de presenciar tal acontecimiento. Los cometas son impredecibles y normalmente son descubiertos por casualidad. No es de extrañar que muchos amateurs estén a la caza de dichos cometas. Muchos cometas son descubiertos por aficionados y se les pone su nombre. ¡Un gran reto para los más ambiciosos que haya entre nosotros! Cada año se descubren cometas más pequeños que son sin embargo visibles con el telescopio. Además, hay también cometas que aparecen en cortos periodos de tiempo, y que nos visitan una vez cada dos años. Esta aparición pasa normalmente desapercibida, de modo que sólo una marca pequeña y difusa se puede ver en el telescopio. Cuando se buscan este tipo de cometas, es necesario que haya cielos muy oscuros.

A causa de lo imprevisible de los cometas, no se puede encontrar en los anuarios nada sobre las posiciones respectivas de estos objetos. Para datos actuales se puede recurrir a revistas técnicas o investigar los datos más recientes en Internet.

Algunas fuentes para encontrar datos sobre los cometas son, por ejemplo, la revista “Stars and Space”-Sterne und Weltraum- (Estrellas y Espacio, Editorial Spectrum), las páginas web de la NASA o el “VdS” - Vereignigung der Sternefreunde- – (Unión de Amigos de las Estrellas), grupos VdS especializados en cometas, páginas web de la International Astronomical Union Circular (Unión Circular Astronómica Internacional): http://cfa-www.harvard.edu/iau/Ephemerides/Comets/

Hay además muchas páginas privadas que tratan sobre este tema. Hay que usar un buscador de Internet e introducir términos como “astronomía” u “observación de cometas”.

Si estas fuentes no están disponibles, asociaciones astronómicas u observatorios le darán gustosamente información. La dirección de Internet www.astronomie.de/gad/ le ayudará a encontrar probablemente un observatorio que esté cerca de usted. Siga las instrucciones sobre los cometas con cuidado. Los indicadores de posición pueden no estar actualizados en varios arco-minutos, o la brillantez prevista puede estar completamente apagada. Los cometas son simplemente incalculables. Ésta es la atracción especial de la búsqueda. Encontrar estos objetos desafiantes son pequeñas experiencias exitosas y también ayuda a progresar.

Nota importante:
Los planetas pequeños son objetos que pasan desapercibidos y muchos cometas son desafortunadamente muy difusos, de modo que con una visibilidad pobre se pueden ver con mucha dificultad, o incluso no verse en absoluto. Al ser principiante, no debería usted intentar esta búsqueda todavía. Hay todavía mucho más que ver y descubrir.

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El cúmulo estelar abierto de las Pléyades. Fotografiado por C. Kimball

Fig. 30 El cúmulo estelar
abierto de las Pléyades.
Fotografiado por C. Kimball

Las Pléyades vistas a través de una lente 125 Superplössl

Fig. 31: Las Pléyades vistas a
través de una lente 125
Superplössl

2.5.5 Observacion del cielo profundo (deep sky) con el telescopio.

 Si se hojean publicaciones astronómicas técnicas o folletos publicitarios de compra-venta de telescopios, se encontrará inevitablemente con la expresión Deep Sky (cielo profundo). Como lego en la materia, probablemente pensará inmediatamente en la nave espacial Enterprise o alguna ciencia ficción similar, sin embargo esto no es así ¡en absoluto!

Deep Sky es sobre galaxias lejanas, pero no tenemos que abandonar nuestro planeta nativo. Los astrónomos denominan a todos los objetos que están más allá de nuestro sistema solar como Deep Sky objects, objetos del cielo profundo. Como se mencionó previamente en la introducción, la publicidad y los medios de información nos pueden hacer ilusionarnos con fotos multicolores de brillantes nebulosas de gas y galaxias. Si esperamos ver esta escena colorista en el telescopio, nos sentiremos muy defraudados.

Estas fotografías requieren imágenes fotográficas de larga exposición que no pueden ser vistas con el ojo, a veces incluso tampoco con grandes telescopios. Sin embargo, se puede ver más con un telescopio que a simple vista. El ojo humano tiene una apertura máxima de pupila de 8 mm. Un telescopio con una apertura de simplemente 50mm de superficie de captación de luz, nos permite ver estrellas que son siete veces más oscuras que la estrella más débil, que no podrían ser observadas sólo a simple vista.

Las Osa Mayor (también conocida como El Arado)

Fig. 32 Las Osa Mayor (también
conocida como El Arado)

Fig. 33

Fig. 33

Busquemos ahora la estrella doble Mizar y Alkor en la Osa Mayor.

No debería resultarnos difícil encontrar las siete estrellas de la Osa Mayor. ¿Cuál de ellas es sin embargo Mizar? Un mapa estelar nos dará esta información. Mizar/Alkor es la segunda estrella a la izquierda en el brazo. Ahora intentemos colocarnos sobre el par de estrellas en el buscador del telescopio. Con práctica tendremos éxito y en el ocular veremos la doble estrella Mizar y Alkor, que popularmente se llaman “el jinete y el caballo”. ¡Conseguido! Hemos encontrado nuestro primer objeto del cielo profundo en el telescopio.

Desafortunadamente, no es tan fácil encontrar otros objetos como encontrar Mizar y Alkor, pero con perseverancia y práctica llegaremos a conocer el cielo cada vez mejor. No es necesario que caiga ningún maestro del cielo. Por muy poco dinero se dispone de ayudas como mapas estelares o anuarios.

Iniciaremos ahora un viaje por el universo. En primer lugar, debemos intentar identificar las constelaciones gracias a las estrellas más brillantes, e ir en búsqueda de los preciosos objetos astronómicos deep sky. Antes de empezar nuestro viaje, vamos a comentar algo acerca de la visibilidad de las constelaciones. No se puede ver cualquier constelación en cualquier momento. Cada día salen las constelaciones unos cuatro minutos antes. A lo largo del año, el cielo se está constantemente moviendo en dirección oeste. Sólo tras un año entero se vuelve de nuevo a la situación anterior, y las constelaciones se vuelven a encontrar donde están en este momento. Un ejemplo: si una estrella se encuentra hoy a alrededor de la medianoche exactamente en el sur, mañana estará en el mismo lugar cuatro minutos antes. Esta circunstancia supone que no vemos el mismo cielo en verano que en invierno. Cuando planifiquemos las observaciones para una noche es necesario seleccionar los objetos de acuerdo con la estación del año en la que estemos. No tiene sentido buscar la Nebulosa Orión, que es un objeto del invierno, en agosto. En el Capítulo 2.7, llamado “Los objetos más bonitos a los largo del año”, que empieza en la página 29 incluimos una breve guía de qué se puede ver y cuándo se puede ver, lo qué es visible y merece la pena observar y cómo identificar el objeto correcto utilizando mapas estelares giratorios o los así llamados programas planetarios para ordenadores.

Estrellas, cúmulos de estrellas, nebulosas y galaxias.

Si uno se fija en la luz del cielo nocturna, más pronto o más tarde el observador puede detectar objetos vagos y difusos. Éstos son nebulosas de gas, cúmulos de estrellas, la Vía Láctea o galaxias lejanas. Los objetos más brillantes normalmente aparecen en los mapas de estrellas -presentaremos algunos de éstos aquí.

Ilustración de nuestra Vía Láctea

Fig. 35: Ilustración de nuestra
Vía Láctea

La galaxia espiral en Andrómeda (M 31), foto de J. Ware.

Fig. 36: La galaxia espiral
en Andrómeda (M 31),
foto de J. Ware.

La Vía Láctea

La Vía Láctea, nuestra propia galaxia, tiene forma de espiral. Se nos aparece como una banda resplandeciente que se extiende a través del cielo nocturno. Contiene parte de nuestro sistema estelar. Desde el exterior, la Vía Láctea parece un disco y tiene un diámetro de 100.000 años luz y un espesor de 10.000 años luz (un año luz equivale a 9,46 trillones de km). Todas las estrellas se mueven alrededor de la masa existente en el centro de la Vía Láctea. Nuestro Sol, con sus planetas y lunas, al igual que cientos de millones de otros soles, se desplaza alrededor del núcleo de la galaxia. En el borde exterior más lejano está “La Vía Láctea”. Un observación de la misma con prismáticos o con un telescopio muestra millones de estrellas, que están muy juntas. Nuestra galaxia comprende más de 200.000 millones de estrellas y desde fuera parece una enorme espiral. Se puede posiblemente ver la galaxia espiral M 31, que es muy parecida. Nuestro pequeño planeta Tierra, dentro de nuestro Sistema Solar, está situado al borde de la Vía Láctea, en uno de los brazos de la espiral. Está representada en la figura 35 por un punto verde. La flecha roja indica nuestra línea visual, así que nosotros siempre vemos una pequeña sección del brazo de la espiral que se encuentra junto al último. Todas las estrellas que podemos ver en la Vía Láctea pertenecen a nuestra galaxia. Incluso con el telescopio más potente no es posible ver a través de este grupo de estrellas muy juntas. Nadie sabe el aspecto que tiene el Universo detrás de la Vía Láctea.

La galaxia Sombreo - es también del tipo de las espirales y tan sólo la podemos observar de lado. Esta imagen pertenece a J. Hoot.

Fig. 37: La galaxia Sombreo -
es también del tipo de las
espirales y tan sólo la podemos
observar de lado. Esta imagen
pertenece a J. Hoot.

Galaxias

Nuestra galaxia (La Vía Láctea) es sólo una entre un grupo de las innumerables galaxias de las que está formado nuestro Universo. Algunas galaxias se pueden ver desde la Tierra en una noche despejada, sin ningún tipo de ayuda óptica. Parecen puntos difusos de luz en el cielo, una aglomeración de millones de estrellas. Los contornos de las galaxias sólo pueden resultar visibles utilizando fotografía de larga exposición. Las galaxias se suelen disponer en grupos. Un grupo de galaxias, al que también se conoce como “grupo local” consiste aproximadamente en 30 galaxias, que juntas forman un radio de 2,5 millones de años luz. No todas las galaxias se han desarrollado en forma de espiral. Algunas son asimétricas, otras son más o menos circulares o tienen una forma elíptica. Las galaxias más cercanas a nosotros parecen de algún modo mini galaxias asimétricas, conocidas como la Nube Grande y la Nube Pequeña de Magallanes. Estas galaxias se pueden ver solamente desde el Hemisferio Sur. Una galaxia bien conocida es la constelación de Andrómeda, que puede ser observada a simple vista. La galaxia está aproximadamente a 2,2 millones de años luz y parece una manchita difusa. Sin embargo, se trata de una gran galaxia espiral, similar a la nuestra.

Los cúmulos de estrellas Globulares M 13 fotografiados por J. Newton

Fig. 38: Los cúmulos de
estrellas Globulares M 13
fotografiados por J. Newton

Cúmulos de estrellas

Hay dos tipos diferentes de cúmulos de estrellas. “Cúmulos estelares abiertos”, que consisten en estrellas jóvenes y brillantes que se formaron de las nebulosas galácticas (gases brillantes de hidrógeno y oxígeno). El otro grupo de racimos de estrellas son los “cúmulos de estrellas globulares”. Éstos son significativamente más grandes y están mucho más lejos que los cúmulos estelares abiertos. Ambos tipos pueden ser observados utilizando un pequeño telescopio para principiantes.

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2.6 Trucos prácticos para la observación

2.6.1 Preparativos para la primera noche

Una noche de observación precisa estar bien preparada. Usted debería conocer su equipo y familiarizarse con su funcionamiento a la luz del día. Lleve a cabo un simulacro del montaje y también del funcionamiento y comprobación de todos los accesorios eléctricos, tales como el motor de seguimiento o los prismáticos para encontrar la Estrella Polar. Cuando se ponga a montar el equipo por la noche ahorrará tiempo y se podrá concentrar en la observación. También es sensato ajustar el ocular del telescopio a la luz del día, ya que requiere práctica hacerlo por la noche. Una torre lejana puede ser una ayuda de utilidad para el montaje, y también tiene que escoger adecuadamente el lugar de observación.

Si usted vive en una gran ciudad se verá obligado a ir al campo con su telescopio. Ésta es la única forma de escapar de la contaminación lumínica que procede de las farolas y vallas publicitarias.

Un cielo oscuro muestra muchos más elementos que los cielos contaminados por la luz de una gran ciudad. La gente que vive en el campo tiene aquí una gran ventaja. Si acudimos al campo con el telescopio, deberíamos inspeccionar la ubicación a la luz del día. Se supone que usted no quiere meterse en una ciénaga o que le invadan los mosquitos. Se deben evitar los lugares húmedos, ya que con temperaturas nocturnas que descienden rápidamente las ópticas se empañan con mucha rapidez. Una pequeña colina es ideal y también ofrece una amplia vista del horizonte. En las noches frías debería siempre tener a mano ropa de abrigo. Una vez que usted se congele, se acabó el placer. Un termo con té o café le ayudará a mantener el calor. ¿Qué más puede usted meter en el coche o en las cestas de su bicicleta? Naturalmente, el telescopio y sus accesorios, un buen abrigo, bebidas calientes, una brújula, una linterna (cubierta de celofán rojo) son muy importantes. Los prismáticos también son una buena ayuda para la observación. Además, debería pensar en algo donde poderse sentar. Llévese una silla plegable o un taburete. También resultará muy útil una cómoda mesa de camping para colocar los accesorios, ya que el mapa de las estrellas debe estar cerca. Debería examinarlo a la luz del día y pre-seleccionar los objetos celestes que va a observar. Esto hará más fácil la consiguiente observación del cielo nocturno. A lo largo del tiempo se dará cuenta de que se orientará mejor por el cielo y podrá encontrar los objetos celestes más difíciles. Sin embargo, al principio debería empezar con objetos que son fáciles de encontrar (nos referiremos a ellos más tarde).

Fig. 39: Una lámpara roja de LED con aro

Fig. 39: Una lámpara roja
de LED con aro

Después de llegar al lugar de observación, puede empezar a montar el equipo y a fijar la orientación hacia el Norte, tal como se describe en las instrucciones. Después de aproximadamente media hora, los ojos se habituarán a la oscuridad y podrá ver más estrellas que cuando llegó.

No tiene sentido perder esta adaptación de los ojos a la noche mirando brevemente a puntos de luz brillantes de nuevo. Más aún, las luces frontales de los vehículos o incluso la luz de una linterna pueden ser suficientes. Las primeras no deberían ser un problema, ya que jamás instalaremos el telescopio directamente junto a una carretera. Para evitar la luz de la linterna, cúbrala con una película roja. La luz roja sólo distorsiona ligeramente la visión nocturna. Las linternas que al encenderse emiten luz roja son excelentes. El telescopio también necesita varios minutos para adaptarse a la temperatura ambiente. Sólo entonces las ópticas funcionarán a pleno rendimiento. La circulación del aire en el tubo del telescopio durante el enfriamiento hace que la imagen sea considerablemente peor, por lo tanto después de esperar un rato será finalmente el momento de mirar a través de nuestro telescopio por primera vez. Lo mejor es usar el ocular de bajo aumento al principio (longitud focal prolongada), para poder tener un mayor campo de visión con la menor amplificación. El objeto buscado será más fácil de encontrar. Nuestro primer objeto podría ser, por ejemplo, la Luna o un planeta dependiendo de lo que nos ofrezca el firmamento. Si ninguno de estos pueden ser vistos, entonces podemos elegir una estrella doble o un cúmulo de estrellas que hayamos sido capaces de encontrar en el mapa de estrellas.

No importa cuál elijamos. El cielo no huirá de nosotros y nos esperan muchas más noches de observación.

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2.6.2 Trucos para tener las mejores condiciones de observación

Las condiciones de observación juegan un papel muy importante durante la observación con telescopio del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas. Además, el lugar desde donde observemos es también muy importante; por ejemplo, las condiciones de visibilidad, el estado del telescopio y las condiciones en las que se encuentre el observador. Sólo cuando todos los factores de observación estén en orden nos será posible aprovechar en su totalidad las posibilidades ópticas de nuestro telescopio. Si trabajamos bajo malas condiciones de observación, podemos sentirnos fácilmente decepcionados, y tendremos la sensación de haber adquirido un telescopio de baja calidad. La siguiente información y trucos le ayudarán a decidir si el montaje del telescopio vale la pena o no.

El lugar de observación

El lugar de observación deberá ser tan oscuro como sea posible y estar lejos de fuentes luminosas terrestres (farolas, faros de coches, etc.). Deberíamos tener visibilidad de todo a nuestro alrededor. También debemos estar protegidos del viento, de tal forma que el telescopio no “vibre”. Esto es posible utilizando un dispositivo cortavientos adecuado; por ejemplo, como los que se utilizan cuando acampamos junto a un lago. Difícilmente podremos encontrar un lugar de observación ideal sin realizar unos pocos cambios en el lugar. En la mayoría de los casos vivimos en lugares cercados y nuestros lugares de observación son el jardín, la terraza o el balcón. Para proteger el lugar de la influencia de la luz procedente de fuentes de luz terrestres, se puede utilizar una sombrilla. Otra posibilidad consiste en colocar un paño negro por encima de la cabeza y el ocular del telescopio, tal como solían hacer los fotógrafos en los albores de la fotografía, de tal manera que ellos podían ver la imagen en la cámara claramente. Finalmente, nuestro lugar de observación debe asentarse sobre terreno firme, de tal forma que nuestro telescopio permanezca estable. La observación desde un salón caliente o desde una ventana abierta o cerrada es imposible. El cristal de la ventana causa demasiada distorsión. Además, las diferencias de temperatura entre las salas de estar y el jardín traerían consigo regueros de humedad y por lo tanto la distorsión será considerable, haciendo imposible enfocar el objeto.

Condiciones de visualización

El tiempo del lugar y las condiciones de la atmósfera terrestre afectan considerablemente a la calidad de las imágenes en nuestro telescopio. Cuando hacemos observaciones astronómicas siempre miramos a través de la capa de aire que rodea la Tierra. Dependiendo del espesor de la atmósfera que nos rodea puede ser para nosotros, por ejemplo, como la piel de una manzana. Si se da una fuerte turbulencia de aire y masas de aire frío y caliente se mezclan, no es posible obtener buenas observaciones con una amplificación elevada. Lo podemos ver esto en el hecho de que las estrellas brillan y centellean en una gran variedad de colores. Especialmente durante el invierno, las capas de aire con turbulencias se muestran inmediatamente.

Otro fenómeno son las finas nubes de hielo a grandes altitudes, que de igual modo distorsionan nuestras observaciones, trayendo consigo anillos de colores alrededor del Sol o la Luna.

Las noches brillantes del verano son sólo en parte adecuadas para la observación de objetos difusos. Si la luz de la Luna ilumina el fondo del cielo, no podemos esperar obtener los mejores resultados de nuestro telescopio.

En Europa Central, las mejores condiciones se dan normalmente en otoño y primavera si el cielo está despejado, las capas de aire están en calma y no cubiertas por el vapor. La luz de las estrellas parece en calma a simple vista y el fondo del cielo parece un terciopelo negro.

Un telescopio refractor con una tapa de protección enroscada

Fig. 40: Un telescopio refractor
con una tapa de protección
enroscada

Condiciones del telescopio

Para que el telescopio se adapte a la temperatura exterior, debería ser montado u alineado al aire libre, aproximadamente 30 minutos antes de la observación. Durante la observación, las lentes y los espejos pueden resultar afectados por la humedad. Se puede usar un calienta manos, que se puede adquirir en tiendas de pesca especializadas, para quitar el rocío de las lentes. Un secador de pelo también puede realizar bien esta función (si es necesario, un modelo de 12 voltios conectado) al enchufe del mechero de un coche).

Bajo ningún concepto se debería pasar un paño por las ópticas, ya que las motas de polvo existente pueden provocar rayones. Un truco para evitar que se humedezca es usar una tapa protectora de lentes que vaya ajustada o enroscada a la parte frontal del tubo del telescopio. Si no viene incluida al comprar el aparato, puede ser adquirida independientemente como accesorio.

Condiciones del observador

La observación astronómica no es un deporte que deba precisar alto rendimiento. Sirve fundamentalmente para relajarse y sentir nuevas experiencias. Asegúrese de que ha descansado de verdad. Las observaciones cuando se está muy cansado no son productivas, y pueden provocar estrés en la mente y en el cuerpo.

Un último comentario acerca de un órgano de vital importancia: el ojo. El pleno rendimiento de los ojos sólo se da cuando las observaciones tiene lugar después de estar aproximadamente media hora en la oscuridad.

El diámetro de la pupila del ojo en las personas jóvenes puede llegar a ser de 8mm; la experiencia ha demostrado que ese valor disminuye con la edad. Aunque las pupilas de adaptan en cuestión de segundos a las condiciones luminosas, el ojo realmente necesita hasta 30 minutos para adaptarse al cien por cien a las condiciones de luz existentes, debido a las sustancias químicas propias del cuerpo. En cuanto hay una luz brillante, esta adaptación se pierde en cuestión de segundos y el proceso se debe repetir de nuevo. Por lo tanto, en la medida de lo posible, se debe evitar la interferencia de la luz mientras que se esté llevando a cabo la observación.

Una fuente brillante de luz, un faro o una linterna brillante inmediatamente destruyen la adaptación a la oscuridad de los ojos (visión nocturna), de tal forma que tendremos que esperar de nuevo otra media hora hasta que nos adaptemos perfectamente a la oscuridad. ¡Compruebe esto una sola vez y quedará asombrado!

Consejos generales para la observación:

1. Haga una lista pequeña de observación. De esta forma, no se sentirá agobiado frente al firmamento centelleante. Tenga en cuenta las condiciones de observación que se dan en cada momento. La Luna Llena arruinará el placer de las observaciones del deep sky (el cielo profundo), incluso si está en un lugar adecuado para la observación, lejos de las fuentes de luz terrestres. En ese caso intente observar objetos más brillantes.

2. No elija demasiados objetos. ¡Más es menos! Mire los mapas para encontrar sus objetos favoritos con mucha antelación. De esta forma los encontrará rápidamente en el cielo.

3. Use sus prismáticos para mirar al cielo y orientarse. En el telescopio, incluso con una baja amplificación y un reducido campo de visón, con frecuencia esto no resulta nada fácil. Practique.

4. Observe los objetos que ha encontrado durante algo más de tiempo. Practique a intentar obtener una observación relajada. Evite una observación rígida, deje que su ojo “se mueva” por el ocular. Cuanto más tiempo se observe un objeto a través del ocular, más detalles parecerán ante nuestros ojos. Con frecuencia las imágenes ópticas son tan débiles que un aprende a usar y aprovecharse de toda la eficiencia del telescopio con las posibilidades que nos ofrece para ver y percibir. El ojo también es capaz de pensar. Usted verá más y más a medida que aumente su experiencia en la observación que al principio de su vida astronómica. Incluso Galilei (1564 – 1642) y Newton (1643 – 1727) tuvieron que experimentar llevando a cabo observaciones del cielo con pequeños telescopios. Muchos siguieron su camino. ¡Usted también debe luchar por seguirles!

5. Haga un registro de sus observaciones, en el que anote sus impresiones (lo puede hacer por escrito o bien dibujando los objetos en un papel).

6. No es necesario que obtenga una foto. Usted puede dibujar los objetos que ha visto. Dibujar es muy popular entre los fans del deep sky (el cielo profundo), y es muy adecuado para el principiante, ya que la “astrofotografía” es frecuentemente muy difícil para el lego. Compare sus dibujos con las fotografías de los profesionales y quedará sorprendido.

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2.7 Los objetos más bonitos a lo largo del año

Invierno

M42, la famosa nebulosa de Orión, está por debajo de las tres estrellas que conforman el cinturón de esta inconfundible constelación. ¡Es ésta una nebulosa de emisiones muy brillantes y merece la pena ser observada con cualquier telescopio!

Las siete hijas de Atlas, las Pléyades que escapan de Orión por lo gigante que es

Fig. 41 Las siete hijas de Atlas, las Pléyades que escapan de Orión por lo gigante que es

La imagen de la Galaxia Whirlpool, M51, por J. Ware

Fig. 43: La imagen de la
Galaxia Whirlpool,
M51, por J. Ware

El cúmulo globular de estrellas M 13, en imagen de J. Newton

Fig. 45: El cúmulo globular
de estrellas M 13,
en imagen de J. Newton

Nebulosa anular M 57, imagen de M. Moilanen y A. Oksanen

Fig. 46: Nebulosa anular M 57,
imagen de M. Moilanen y
A. Oksanen

La imagen espiral M 31 (en Andrómeda); fotografía de J. Ware

Fig. 47: La imagen espiral
M 31 (en Andrómeda);
fotografía de J. Ware

Las Híades, situadas entre los “cuernos” de Tauro y las Pléyades, son grandes así llamados “cúmulos estelares abiertos”. En particular, las Pléyades destacan incluso a simple vista. Están situadas al noroeste de Orión y se pueden observar con una amplificación reducida.

Primavera

M51, la así llamada “Galaxia Whirlpool”, está de algún modo situada debajo de la estrella localizada a la izquierda del brazo de la Osa Mayor. Es una galaxia doble, que se puede ver con claridad en un cielo oscuro con un telescopio medio. Es mejor acudir a zonas rurales para realizar esta observación. La contaminación lumínica de la ciudad hace muy difícil observar este objeto.

Fig. 42: Berenice, la esposa del faraón Ptolomeo III, ofreció por amor su magnífica cabellera a Afrodita para que su amor regresase sano de la guerra.

Fig. 42: Berenice, la esposa del faraón Ptolomeo III, ofreció por amor su magnífica cabellera a Afrodita para que su amor regresase sano de la guerra.

“El Pesebre”, M44, es un gran cúmulo estelar abierto de la constelación de Cáncer. Los grandes planetas Júpiter y Saturno frecuentemente pasan muy próximos a él, ya que están situados muy cerca de la eclíptica; ¡Una visión preciosa!

Verano

M 13 en Hércules es el racimo de estrellas globular más brillante del cielo del Hemisferio Norte. Con una alta amplificación se pueden ver estrellas individuales, incluso con pequeños telescopios.

M 52 es la famosa “nebulosa anular” de la constelación de la Lira, el prototipo de una nebulosa planetaria. Está situada justo debajo de Vega, entre las dos estrellas más bajas que están en el límite de la constelación. Ligeramente más alta, al este de Vega, está Epsilon Lira, un sistema estelar cuádruple (o doble-doble).

Hércules lucha con Draco (el Dragón), en el jardín de las Hespérides

Fig.: 44: Hércules lucha con Draco (el Dragón), en el jardín de las Hespérides

Otoño

M 31, la nebulosa Andrómeda, situada aproximadamente a 2,2 millones de años-luz, es para nosotros la galaxia más cercana y visible después de las Nubes de Magallanes del Hemisferio Sur. Tiene una largura bastante superior a 3º in el cielo (aproximadamente la largura del pulgar con un brazo extendido) y puede ser observada a simple vista si las condiciones son buenas. Hoy en día, sabemos que no es una nebulosa, sino una galaxia. Algo más desafiante es la M 33 en la constelación Triángulo. Esta galaxia compensa la paciencia que debemos tener junto al telescopio con muchos detalles bonitos. h & X Perseo es, finalmente, un cúmulo doble de estrellas al sur de Casiopea. ¡Con una reducida amplificación en el telescopio o también en los prismáticos, ofrece una visión espléndida en cualquiera de las dos ópticas!

El caballo alado Pegaso levantándose de Medusa, después de que Perseo la derrotase y lanzase el carro de Zeus.

Fig. 48: El caballo alado Pegaso levantándose de Medusa, después de que Perseo la derrotase y lanzase el carro de Zeus.

M33 en la constelación Triángulo ya es un poco más exigente; pero esta galaxia también recompensa por la paciencia al telescopio con muchos detalles suaves.

 

h Persei y X Persei forman un gran cúmulo estelar doble al sur de Cassiopeia. Con un aumento débil de un telescopio o incluso de unos prismáticos ofrece una vista maravillosa.

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